-
Deporte con velo o sin velo
Ainhoa Azurmendik 2008-Irailak-26
Me encanta oír (más bien leer) a una mujer entusiasta hablar de su experiencia deportiva, las emociones que le produce, sus ilusiones, aspiraciones,… Pero hay casos que, a veces, leyéndolos en el siglo XXI, parecen ciencia ficción. Me estoy refiriendo a las mujeres musulmanas, cuya religión no les prohíbe hacer deporte, pero sí exhibirse en público, llevar pantalón corto, la cabeza descubierta, etc., restricciones culturales que dificultan seriamente la relación de estas mujeres con el deporte.
Llevo varios meses recopilando artículos que me encuentro sobre las mujeres musulmanas que, contra viento y marea, con todo su cuerpo cubierto de ropa, deciden realizar algún tipo de actividad física: futbolistas, surfistas, atletas,…
Sin embargo, el hecho de preservar o más bien cumplir con sus exigencias culturales, ha producido una serie de reacciones encontradas. En Holanda, por ejemplo, el uso de burkinis (bañadores especialmente diseñados para las mujeres musulmanas) y la imposición de horarios diferenciados para las mujeres musulmanas ha levantado ampollas. Aconsejo la lectura de este artículo y los comentarios al mismo.
Evidentemente, es preferible que las mujeres musulmanas hagan deporte con estos atuendos a que no lo hagan, por supuesto, no creo que sea necesario comentar aquí todas las grandezas y valores que proporciona el deporte a las personas, tanto en autoconcepto como en relaciones sociales, etc. Por tanto, en este sentido, creo que es mejor que tengan ropas adecuadas, diseñadas específicamente a tal efecto (elasticidad, traspiración,etc.), ya se está frotando las manos hasta Nike…No obstante, desde mi punto de vista el trasfondo de este asunto es mucho más serio que el respeto a que estas mujeres practiquen deporte vistiendo las prendas que les de la gana. En estos tiempos en los que la multiculturalidad es un valor en alza, no comparto este fenómeno (entendiendo multiculturalidad como la convivencia de diferentes culturas basándose en el respeto de las mismas) en los casos en los que la práctica cultural supone una subordinación, control o dominio de un colectivo determinado, en este caso, el de las mujeres.
Lamentablemente, existen casos como los de Emboba Ahadyar, quien tiene muy claro que es un peaje a pagar por ese permiso: “A los pocos minutos Mehbooba y Massoud corretean por la pista de cemento gris del tristemente célebre estadio donde los talibanes solían ejecutar a los condenados a muerte los viernes por la tarde. Con un chándal azul marino tres tallas mayor, unas zapatillas blancas desgastadas y un gran pañuelo oscuro, que se arregla con paciencia antes de empezar con el entrenamiento, la atleta hace lo que más le gusta, correr. «Para mí no es ningún problema tener que competir así, no me preocupa. Soy una mujer musulmana y el velo nunca será un problema», afirma esta joven, que asegura desconocer el uniforme que una conocida marca alemana le facilitará antes de la competición pero que «debe respetar mi forma de pensar, o no participo….”
Hay muchísimos más ejemplos, pero a modo de ilustración, merece la pena ver este vídeo de mujeres futbolistas en Irán. Difícil será convencerme de que eso es cómodo, y menos aún, de que “es lo que hay”.
No creo que sea adecuado aceptar que realmente estas mujeres están decantándose por una opción personal. Como bien dice la Dra. Maggy Barrère, “…estas realidades… son catalogadas como opciones, porque se supone que dependen de la elección, de la autonomía de las personas (mujeres) o, en definitiva, porque se presuponen basadas en decisiones que pertenecen al ámbito de lo privado”. Nada más lejos de la realidad; pienso que son imposiciones culturales en las que subyace la subordinación de las mujeres (recordemos que el significado del hiyab –velo islámico- es “esconder”, “ocultar a la vista”, “separar”…). Esta reflexión también es válida para otros ejemplos más cercanos en nuestra cultura occidental, como el hecho de que en una pareja sea la mujer quien “prefiera” dejar de trabajar o coger la media jornada cuando tienen un bebé (la clave está en preguntar cuánto cobra él y cuánto cobra ella).
Pero volviendo al tema que nos ocupa, el deporte, pienso que la voluntad de convertirnos en una sociedad transigente, tolerante y respetuosa hacia otras culturas, no debe cegarnos en el planteamiento de nuestros objetivos, y es que, con todo lo que ha costado llegar al punto en el que nos encontramos, lo único que nos falta es que bajo la máscara de la multiculturalidad volvamos a los orígenes.Post hau 2008-Irailak-26an 08:08:00etan sortua izan zen eta Kirola eta gizartea barruan kokaturik dago.
0 erantzun Deporte con velo o sin velori:
