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Las mujeres como espectadoras de eventos deportivos

24-Septiembre-2009 por Ainhoa Azurmendi
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El pasado año 2008, con motivo de la celebración de la Eurocopa de fútbol, Media Markt tuvo la brillante idea de poner en marcha una campaña publicitaria en la que se comprometía a devolver el 25% del coste de los televisores comprados durante una determinada semana, en caso de que España pasase de cuartos de final. En el spot publicitario de la mencionada campaña las protagonistas eran mujeres; mujeres aficionadas al fútbol, mujeres que vibran y se emocionan viendo fútbol.

¿A quién se dirigía esta campaña?, ¿Por qué aparecían sólo mujeres en ese anuncio? ¿Acaso era una forma de llamar la atención?, ¿Era una forma de fomentar la afición de las mujeres al fútbol?, ¿O es que realmente sabían que muchas mujeres estaban interesadas en seguir la Eurocopa?

A pesar de que cualquiera de estas explicaciones podría ser válida, lo cierto es que en mi opinión, sabían que para vender una gran cantidad de televisores de plasma en ese momento necesitaban una excusa –la Eurocopa-, y transmitir a las mujeres lo divertido y emocionante que podría resultar la compra, por supuesto, convenciéndoles de que era una buena inversión. Según afirma el economista Tom Peters en su libro "Re-imagine" las mujeres son las únicas o las principales tomadoras de decisiones de compra de productos comerciales y de consumo; en el caso de los productos electrónicos de consumo, un 51%. Por tanto, la campaña no era fruto de la casualidad ni un ejemplo de sensibilización social.

No obstante, sí que tiene una parte de realismo el hecho de que las mujeres apareciesen como sujetos activos, como hinchas, como grandes aficionadas al fútbol. Porque a las mujeres nos gusta practicar deporte, pero también disfrutamos como público en los eventos deportivos. Según la investigadora María Méndez, las mujeres han irrumpido como espectadoras en el mundo deportivo, como parte del proceso global de liberación femenina. Esta doctoranda y otros artículos afirman que, además, el aumento de la presencia de mujeres en los estadios ha mejorado el comportamiento entre las aficiones rivales y ha contribuido a reducir la violencia.

Al parecer, los dirigentes de algunos clubes de fútbol son conscientes del creciente interés que suscitan los encuentros de sus equipos entre las mujeres, y aprovechando la tendencia, han puesto en marcha iniciativas –algunas con menos acierto que otras- para potenciar la asistencia de mujeres a dichos partidos. Es el caso de la Real Sociedad, que recientemente ha puesto a la venta entradas a precio reducido para mujeres. A diferencia del caso de las discotecas, que utilizan a las mujeres como reclamo sexual, ésta podría considerarse una acción positiva (una medida temporal cuya vigencia concluye cuando se normaliza una situación de desigualdad). Al igual que en Media Markt, el trasfondo es un argumento económico, pero tiene un efecto social importante: rompe con los estereotipos tradicionales.

Sin embargo, no opino lo mismo de la campaña de la pasada temporada, la famosa colocación de sillas gratuitas alrededor del campo para que niños y niñas acudiesen a ver los partidos en compañía de sus madres. No entiendo a qué viene el hecho de delimitar el sexo de la persona adulta acompañante. ¿No me irán a decir que es para fomentar la afición de las mujeres al fútbol? Porque, por lo que pude ver y por los artículos de opinión que he leído, durante los encuentros las madres se dedicaban más a otras cuestiones que a ver el partido. O sea, que mientras los padres disfrutan del evento desde la grada, desde el salón o el bar, o “aprovechan” la tarde para hacer lo que les plazca, las madres van al partido a acompañar a la prole.

Pero no nos podemos quejar, al menos aquí nos dejan entrar a los estadios. No hace mucho comenté en otro post que aún hay países en los que las mujeres tienen vetada la entrada para ver eventos deportivos. Y cuando la prohibición se “flexibiliza”, se adoptan medidas igual de discriminatorias que el hecho de no dejarles entrar. Es el caso del Mundial de clubes de fútbol, que se celebrará en los Emiratos Árabes el próximo mes de diciembre; las mujeres que deseen presenciar los partidos en directo no podrán elegir la ubicación de su localidad en el estadio ni la categoría de la entrada por precio. La organización del torneo, en cumplimiento con la Ley Islámica, ha segregado a las mujeres en las gradas estableciendo un único precio para su entrada: la más cara. Como en la Antigua Roma, ordenando la ubicación en los anfiteatros por clases sociales y sexo.

Otro ejemplo menos sonado, y no por ello menos inquietante, es el de los aficionados del Zenit de San Petersburgo, que solicitaron vetar la entrada de mujeres en el estadio para poder insultar con libertad, porque éstas distraen a los aficionados. La noticia puntualiza que esta medida únicamente afectaría a las mujeres más jóvenes. Vamos, les ha faltado explicar el mecanismo del instinto animal en la reproducción sexual.

En fin, como siempre, llegamos a la misma conclusión. La igualdad en la sociedad –y por tanto también en el ámbito deportivo- es un valor en alza, poco a poco vamos avanzando en el camino, pero el precio a pagar por el peaje está resultando mucho más caro de lo que debería.

Por cierto, España no sólo pasó de cuartos en la Eurocopa de 2008 sino que quedó campeona.

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