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Que todo esté claro, unos arriba y otros abajo

24-Abril-2009 por Juanma Murua
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¡Hay que ver cómo nos gustan las jerarquías! Si preguntamos a las personas sobre su opinión acerca de las jerarquías la primera respuesta suele ser negativa. Parece un modelo de organización "antidemocrático" y propio de tiempos pasados. Sin embargo, cuando trabajamos con entidades deportivas (o con la mayoría de organizaciones de cualquier tipo) a las personas resposables de reorganizar su entidad les cuesta muchísimo pensar en organizarse de una forma diferente.

Es verdad que un cierto grado de jerarquía es recomendable, incluso necesario en la mayoría de las organizaciones. Es hasta natural. Tal como se explica en Wikipedia: “La jerarquía es la estructura social más frecuente en el mundo de los animales, ya que establece un orden de dominación: la superioridad de un animal sobre los demás suele ser resultado de relaciones agresivas. El grado de poder y fuerza de un animal determina su posición en este orden, que es reconocida por los demás miembros del grupo. Las estructuras jerárquicas benefician a la supervivencia de algunas especies, ya que pueden reducir el número de luchas e intensificar la supervivencia de los seres más fuertes, manteniendo el desarrollo genético de las especies”.

El problema es que cuando acometemos un proceso de reorganización de una entidad deportiva y comenzamos a pensar en la estructura de trabajo comienzan a aparecer escalones y más escalones dentro de esta estructura. ¡Si hasta los ángeles se organizan en una jerarquía de nueve niveles!

En los últimos tiempos existen bastantes críticas al modelo de organización jerárquico. Inconvenientes como la falta de flexibilidad, la dependencia de una excesiva especialización, la posible descoordinación entre departamentos o la tendencia al aumento de la burocracia son los más habitualmente empleados para criticar el modelo jerárquico. De todos modos, la crítica al modelo jerárquico que ha tenido una mayor importancia, probablemente por lo llamativo de su axioma, es el Principio de Peter.

El Dr. Lawrence J. Peter, en su libro The Peter Principle, del año 1969, llegó a la siguiente conclusión, su principio axiomático: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”
¡Demoledor!

¿Qué trataba de explicar Lawrence Peter con su principio?
Algo tan simple como que en las organizaciones jerárquicas, gracias sobre todo al sistema de ascensos internos, los puestos más altos de una organización jerárquica estarán ocupados por personas ineficientes.

¿Cómo se produce este fenómeno?
El razonamiento es simple, pensemos en un dinámico joven que comienza a trabajar en un polideportivo en el control de accesos, al tiempo su jefa ve que trabaja bien y le asciende a responsable de recepción. En su nuevo trabajo sigue demostrando que vale y le vuelve a ascender, a responsable de actividades. Si hay suerte, este joven seguirá siendo eficiente y continuará ascendiendo escalones laborales. ¿Hasta cuándo? Hasta que alcance un puesto en el que no sea eficiente, ya no podrá demostrar que está capacitado para subir un peldaño más. Una vez alcanzado ese puesto se quedará en él, no le ascenderán más y en el polideportivo contarán con una persona ineficiente en un puesto de alta o media (especialmente ocurre en los de alta) responsabilidad.

Lo más dramático de este principio es que se ha demostrado en infinidad de ocasiones. No hace falta ser un experto en organizaciones, la lógica es tan intuitiva y lo vemos tan  a menudo que es difícil negarlo.

En definitiva, jerarquías, mejor pocas y buenas.

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