05-Diciembre-2008 por Ainhoa Azurmendi

No es una novedad. En los últimos años han proliferado los calendarios protagonizados por colectivos más o menos anónimos que, por causas ajenas, por reivindicación, por marketing, por sacar unas perras o porque sí, se desnudan y hacen de sus cuerpos un escaparate. Según este artículo, es por “el morbo de ver desnudo al pueblo”. Yo no tengo tan claro que sólo se deba a ese punto de morbo, y lo cierto es que el ámbito deportivo también está inundado por esta moda.
Tenemos muchísimos ejemplos. El caso de “Dieux de Stade” de la Selección Francesa de Rugby (masculino) es toda una tradición, aunque la selección italiana de esta modalidad, a falta de calendario, tampoco se queda atrás en la campaña de Dolce & Gabbana. El equipo nacional femenino de rugby de Canadá también tiene su propio calendario, y casualmente, en las noticias relacionadas con la anécdota las jugadoras mencionan la necesidad de buscar ingresos económicos para poder practicar el deporte que aman. Asimismo, el equipo canadiense de duathlón también se ha sumado al carro para recaudar fondos para los Juegos Olímpicos de Invierno. O sea, que ellos son dioses admirados por el mundo y ellas almas en pena sin un duro. Insisto, hablamos de equipos nacionales.
Otros ejemplos más “de andar por casa” son los calendarios de los remeros del club C.R.O. Orio y el club C.R. Perillo, o el calendario de la Real Sociedad femenina, fruto de un concurso televisivo. No hay más que comparar el mensaje que trasmiten las imágenes de los de Orio o las de las futbolistas, que, lejos de representar momentos deportivos habituales con naturalidad y/o sensualidad (si es que ese era el objetivo) sugieren ideas bien distintas, y como no, sin perder el obligado toque de feminidad de toda deportista de pro.
Ya he comentado otras veces mi postura sobre la utilización del cuerpo de las mujeres deportistas como objetos sexuales, pero además tener que leer titulares de desnudos de fútbol femenino como “los medios de comunicación y la sociedad quieren vernos con el culo al aire: sin tetas no hay paraíso” (aprovecho para dejar también la joyita de “las tontas no van al cielo”) hacen que me hierva la sangre. Hasta que las deportistas de un determinado nivel puedan practicar su deporte en condiciones de igualdad con respecto a los deportistas de ese nivel, hasta entonces, no podremos decir que desnudarse porque la sociedad quiere vernos el culo o porque necesitamos patrocinio sea algo que hacemos porque nos apetece y porque estamos encantadas de conocernos, también desnudas.
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