05-Noviembre-2010 por Ainhoa Azurmendi

Nada, que no nos aprendemos la lección. No hay manera. Afortunadas todas nosotras que “nos dejan” jugar. ¡Cómo no, por favor! ¡Nadie dice lo contrario! ¡Faltaría más, adelante! Eso sí, hay algunas cosas que hay que cuidar. Una no se puede embrutecer así por así, sudar, despeinarse… pero sobre todo, una no puede perder la feminidad. Podría hablar de aspectos organizativos y de gestión que ponen de manifiesto la verdadera intencionalidad que reside tras una frase como “Aquí no se discrimina a nadie, y las mujeres que quieren, pueden jugar”, sin embargo, hoy quiero hablar del comportamiento femenino. Bueno, si es que existe tal comportamiento.
Ser mujer deportista, sobre todo en determinadas modalidades, tiene un precio muy alto. ¿Alguna vez nos hemos planteado la razón por la que las modalidades practicadas por mujeres u hombres se denominan femeninas o masculinas? ¿Existen diferencias en el comportamiento o desarrollo de la actividad, porque en una las conductas son femeninas y en la otra masculinas? Sin entrar a analizar los aspectos técnicos, tácticos, físicos y psicológicos que actualmente varían con respecto al comportamiento de cada sexo –en gran parte, fruto de miles de años de socialización-, en teoría, estamos hablando de una misma modalidad practicada por hombres o por mujeres. Pero en la práctica, y debido a los estereotipos y roles asignados socialmente a cada sexo, se considera que una mujer que practica una modalidad tradicionalmente masculina, bien ha perdido su feminidad, o bien debe confirmarla para no dejar lugar a dudas. Y las propias deportistas interiorizan este esquema de forma abrumadora. Podría poner muchísimos ejemplos para ilustrar esta afirmación, pero creo que este artículo de un equipo de rugby que posó para Interviú diciendo “Somos señoritas en un deporte de brutos”, es una prueba suficientemente fehaciente de lo que se trata de argüir.
¿Y en consecuencia qué ocurre? Que todo el mundo se empeña en utilizar iconos, símbolos, imágenes y señales tradicionalmente femeninas para difundir, adornar, tunear y anunciar eventos deportivos practicados por mujeres. No puedo entender la necesidad –o la “brillantez” de la idea- de poner un tacón de aguja junto a un balón de fútbol o de balonmano para manifestar o reivindicar que las mujeres también practicamos o podemos practicar un deporte. Por un lado, por todo lo mencionado anteriormente, y por otro, porque no hay un calzado más inapropiado e incómodo que un tacón para practicar cualquier tipo de deporte. Y tampoco hay un calzado que tenga menos que ver con el deporte que un zapato de tacón.
Y nada, erre que erre, en vez de enfatizar en las particularidades y exigencias de cada modalidad, sea practicada por el sexo que sea, nos empeñamos en adaptarlas a las supuestas características y gustos de cada sexo. Un ejemplo: Barbie deja los trapitos para ponerse las botas y jugar al fútbol; un futbolín de Barbies, rosa-rosita, y todas las muñequitas con el pelo bien suelto y peinadito, que es lo más cómodo y apropiado para el fútbol. Ay, ¡qué tonta! ¡Si en el futbolín no hay contacto de jugadoras, no corren contraataques, ni hay faltas!
¿Es captación? ¿Es promoción? ¿Es escaparate? Probablemente sea todo eso –porque todavía nos queda mucho que estudiar-, más la falta de conocimiento y perspectiva feminista para entender que esto no es así, y ni debe serlo.
Por supuesto, fuera del deporte, amén de que cada cual se viste como quiere, tenemos el ejemplo de Miss Tailandia 2009, una promesa del taekwondo, que decidió abandonar temporalmente la selección de su país, y por lo tanto renunciar a su participación en los Juegos Asiáticos, porque coincidía con las fechas en las que se celebraba el certamen de Miss Mundo. A mí no me sorprende en absoluto. Es normal. Normal, de curva de normalidad. Así está la sociedad, y aquí lo que tiene repercusión y da dinero, al menos algo más que lo que iba a ganar con el taekwondo, es la parafernalia, la moda y la belleza. En este caso, los periódicos deportivos hicieron eco de la noticia. Eso sí, me ha costado encontrar una foto en la que Pongchanok Kunklub vestía el kimono; será una excepción, será casualidad, será que no he hecho la búsqueda adecuada, seguro.
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