Avento Consultoría

lo que escribimos - Deporte y sociedad

Palabras en ejercicio

24-Enero-2011 por Catarina Paz
Comparte esto: Facebook Twitter Menéame Imprimir

Blanco 130 fue el error fatal. (…) El golpe de gracia llegó con el ataque que guió a Negro 133. Por desesperada que fuera su búsqueda de soluciones, Blanco no tenía el poder de hacer retroceder a esa ola destructora.”  (pág. 191)

KAWABATA, Yasunari (2005): El Maestro de Go. Emecé Editores, Buenos Aires, 3ª edic., 208 págs.

Recuperamos para la ocasión una guía editada, conjuntamente por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y el Consejo Superior de Deportes, el pasado año 2010: El Deporte en la literatura infantil y juvenil. 

Se trata de una selección de materiales de naturaleza diversa (artículos, cuentos, cómics, novelas, etc.) recopilados por el equipo del Área de Documentación del Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y que aspiran a acercar a dos públicos diferentes (por una parte a lectores y lectoras en edad infantil y jóvenes, y por otra parte a lectores en edad adulta) el binomio formado por el deporte/actividad física y la literatura. 

Esta propuesta bibliográfica se organiza en cuatro grandes secciones que agrupan títulos de orientación diversa: el Maratón de lecturas infantil y juvenil reúne referencias literarias destinadas a la inmersión de jóvenes, entre los 3 y los 15 años, en lecturas de temática, valores, espacios y trasfondo deportivos; en Eslalón de historias senior se ofrece una breve selección destinada a un público lector en edad adulta; Pódium de cine presenta referencias cinematográficas (películas y documentales) de temática deportiva; y, por último, Triatlón profesional contiene una relación de títulos (de manuales, guías, entre otros) y referencias electrónicas de materiales y fuentes de información deportiva destinados a profesionales (fundamentalmente del ámbito docente). 

De entre la selección propuesta se aprecia, sin embargo, la ausencia de una obra maestra de Yasunari Kawabata, en la que el hilo conductor es una partida de Go. 

El Go, también conocido como el antiguo Ajedrez de Oriente, recibe actualmente denominaciones diferentes según el país igo (en japonés), weiqi (en chino) o baduk (en coreano) – y en todos los casos se trata de un juego de inteligencia y estrategia (como el ajedrez) que se despliega sobre un tablero y en el que se representan los movimientos de dos fuerzas en expansión. Piedras en blanco y negro, según el color de cada jugadora o jugador, se colocan alternativamente en el tablero –una matriz cuadriculada de 19x19 intersecciones que constituyen 361 puntos para la ubicación de las piedras–. La finalidad es controlar una zona del tablero mayor que la de la persona contrincante, es decir, intentar confinar el mayor número de piedras: si un grupo de piedras es rodeado por piedras rivales, las primeras son retiradas del tablero hasta el final del juego. Las reglas del Go no permiten el suicidio (entendido como el sacrificio de una ficha propia ya colocada) o la negativa a realizar una jugada. Pocas reglas para un juego vacío de complicación y lleno de complejidad.

Originario de China -hace aproximadamente unos 3.000 años-, y de profunda implantación en Japón, la leyenda sostiene que el Emperador Yao (2.337-2258 a.c.) solicitó a su consejero Shun que diseñara un juego que enseñara disciplina, concentración y equilibrio a su hijo Dazhu. En cualquier caso, tanto el Go como el Ajedrez son arquetipos de juegos de inteligencia que presentan interesantes diferencias de concepción entre sí: el Go puede considerase un juego de guerra que, sin embargo, carece de línea de combate y, por tanto, en éste no se produce el enfrentamiento. Además, las piedras del Go obvian las jerarquías al ser todas equivalentes: su valor se halla en su relación con las demás y, por tanto, éste se deriva de su posición relativa en el tablero. 

En “El jugador de Go”, Yasunari Kawabata novela la crónica de la última gran partida de Go, jugada en Japón en 1938 (desde el 26 de junio al 4 de diciembre) entre el Maestro Shu Sai, jugador profesional y heredero del título la casa Honinbo, y su oponente, Minoru Kitani (en la novela con el nombre de Otake). Al igual que Yasunari Kawabata, abundan quienes asocian a esta partida un fuerte sentido alegórico, ya que tiene lugar en un momento (1938) de cambio en el país, coincidente con los primeros signos de estancamiento de los enfrentamientos entre China y Japón (II Guerra Chino-Japonesa).

La partida simboliza una batalla entre la modernidad y la tradición que comienza a experimentar la sociedad japonesa (en progresiva transición hacia la occidentalización y democratización) y que también afecta al Go, como arte y deporte de Oriente.

La disputa narrada en El Maestro de Go, había sido objeto de crónica diaria (en 64 entregas, como si se tratase del enfrentamiento entre Boris Spassky y Bobby Fischer en Reikiavik en 1972) por Yasunari Kawabata para El Tokio Nichinichi Shimbun (periódico nacional editado en Japón entre 1872 y 1943) durante los siete meses de su duración. La novela de Kawabata, además de contener extractos originales de la crónica publicada en su columna diaria, reproduce con exactitud los 237 movimientos con los que concluyó la partida. 

La partida narrada supuso el enfrentamiento de dos generaciones y dos concepciones del juego de Go y puso fin a ciertas formas protocolares de la antigua tradición: del sistema de antiguas escuelas en las que los rangos venían determinados por la antigüedad y la conciencia estética y moral del jugador se pasó a un sistema de competición abierto que otorgaba los títulos una vez por año y por porcentaje (acumulación de puntos).

En el siglo XVII y de la mano de misioneros (como el jesuita Matteo Ricci, primer occidental en visitar la Ciudad Prohibida) y viajeros a Oriente, se tuvo conocimiento en Europa del juego de Go, considerado “el arte marcial de la mente". No obstante, a diferencia de otros juegos orientales, ha sido en fechas recientes cuando el Go se ha extendido por todo el mundo y en parte debido a los fenómenos migratorios protagonizados por la población china y japonesa que, a finales del siglo XIX, se trasladó a Estados Unidos y Canadá.

 En 1968 Yasunari Kawabata recibió el Premio Nobel por su obra.  

Este Post está fijado dentro de Deporte y sociedad
Comparte esto: Facebook Twitter Menéame Imprimir

BOLETIN

REDES SOCIALES

CONTACTO