02-Julio-2007 por Ainhoa Azurmendi

El accidente ocurrido el pasado 10 de junio en el Gran Premio de de Fórmula 1 de Canada, en el que el piloto Robert Kubica salió ileso tras estrellarse contra un muro, no ha dejado indiferente a nadie. Ha sido tal su repercusión, que hasta el Vaticano podría llamarle a testificar en relación a la investigación que está llevando a cabo sobre los milagros realizados por Juan Pablo II. Y es que se ve que tienen ganas de que sea beatificado, pero claro, debe justificarse a través de una minuciosa pesquisa.
Por lo visto, el citado piloto lleva en su casco una pequeña fotografía de Juan Pablo II con una dedicatoria, y el Vaticano cree que el ex-pontífice podría estar detrás de este milagro. Sin embargo, otros titulares no dudan en centrar su suerte en la tecnología, en el cockpit del piloto, de fibra de carbono y medio millón de euros, y en el sistema de protección Hans del cuello.
En alguna otra ocasión se ha mencionado aquí la necesidad de las personas de otorgar poderes sobrenaturales a entes, seres o cosas para razonar ciertos hechos que a sus ojos no tienen otra explicación. No obstante, estamos ante un viejo y conocido debate, ciencia vs. fe, en el que la ciencia trata de explicar fenómenos a través de razonamientos y datos empíricos, mientras que la fe cubre nuestra necesidad de autocompasión y conformidad con las desgracias y fortunas que la vida nos depara a través de causas divinas. La religión siempre ha tenido un gran poder para alienar los pensamientos, aunque, no debemos perder de vista que la ciencia es creada bajo creencias, ideologías o postulados dominantes…
Al fin y al cabo, y siguiendo las proposiciones a priori de Kant, dependiendo de las lentes con las que miremos el mundo, lo construimos, interpretaremos y vivenciamos de una forma u otra.
Tengo en mente unos cuantos casos de deportistas fallecidos o que libraron en faena, como por ejemplo, el accidente de Felix Iñurrategi o el atropello de los hermanos Ochoa y la librada de Javier. Estos casos hasta a mi me hacen pensar en la suerte o en el destino. En cuanto al Vaticano, quizás debería plantearse seriamente llamar a declarar a los ingenieros de BMW y dejar a Kubica seguir con el mundial…
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