21-Mayo-2010 por Gorka Leunda

Llevamos una temporada dándole vueltas a la forma de segmentar la oferta o actividad deportiva por edades. A día de hoy, no hemos encontrado ningún criterio de segmentación que se aplique de forma, más o menos, universal en diferentes lugares. Cada entidad, localidad, etc. realiza la segmentación de acuerdo a sus propios criterios. Muy loable, pero poco efectivo desde el punto de vista del benchmarking. Sería interesante para la gestión del deporte poder contar con datos segmentados bajo los mismos parámetros. Bueno, en algunos casos, poder contar con datos ya es todo un reto.
Es un hecho probado que la tipología de práctica deportiva varía a medida que la o el deportista avanza en edad. Dicho en otras palabras, el deporte que realiza una persona de 25 años poco tiene que ver con la práctica deportiva de una que ronde los cincuenta. Esta realidad debe tenerse en cuenta a la hora de analizar el sistema deportivo, y sobretodo, a la hora de diseñar la oferta deportiva. No obstante, existe un reducto de deportistas longevos, cada vez más numeroso, que se resiste a aceptar esta realidad. Me refiero al colectivo “Master”. Para los no iniciados, “Master” es el eufemismo inventado por algún visionario para darle más glamour al “veterano” de toda la vida (en adelante VTV); o más bien para diferenciar a este prototipo de deportista de rendimiento longevo, que se resiste a aceptar el inexorable paso del tiempo, del VTV.
El deporte, como cualquier otra actividad, debe ser sostenible para garantizar su pervivencia. Y al parecer, algunas modalidades consideran una seria amenaza a su sostenibilidad la proliferación de este tipo de práctica deportiva. En una coyuntura en la que los recursos, materiales y sobretodo humanos, son escasos para el fomento de la actividad deportiva de base, el crecimiento de la demanda procedente de la categoría master –organización de competiciones, infraestructura, etc.- supone, al parecer, un riesgo para el equilibrio inestable en el que tratan de sobrevivir determinadas modalidades. En concreto, reproduciendo las palabras de un ex ciclista profesional –Iñigo Chaurreau, al que tengo gran aprecio y con el que compartí algunas pedaladas en edades de iniciación- el deportista master -en este caso, ciclista, que no cicloturista o “globero” de toda la vida, aunque entre los masters hay unos cuantos “globeros”, la verdad- mantiene una postura egoísta con respecto a su modalidad. Considera Iñigo que este colectivo, a pesar de conocer la realidad del ciclismo –en cuanto a escasez de recursos humanos-, exige que le sean destinados unos recursos organizativos que necesariamente implican destinar menos recursos a categorías formativas. En síntesis, considera que el master se encuentra en edad de devolver a la modalidad lo que ha recibido de ella, en forma de implicación en el fomento de la misma, siendo insostenible que, lejos de dar, exijan que les sean asignados unos recursos que se retraen de otras categorías.
También es cierto que este colectivo se encuentra en una fase vital que le permite financiar totalmente su actividad deportiva y, por tanto, una explotación comercial de dicha actividad puede ser fuente de recursos para otros segmentos de la modalidad.
En cualquier caso, un enfoque interesante y una realidad a la que algunas modalidades deportivas deben hacer frente para tratar de convertir las amenazas en oportunidades de crecimiento.
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