04-Noviembre-2008 por Ainhoa Azurmendi

A pesar de que por los últimos post parezca que me paso el día de embajadora en jornadas, lo cierto es que habitualmente octubre y noviembre son unos meses en los que se celebran múltiples congresos, mesas redondas y foros de reflexión. Así que la semana pasada me desplacé a Bilbao para asistir a las Jornadas “Nuevos planteamientos para un urbanismo inclusivo: género y participación”.
Un verdadero lujo escuchar tanto a Mª Ángeles Durán como a Amelia Valcárcel, quien realizó un extraordinario repaso sobre la evolución de la planificación urbanística de las ciudades y los límites establecidos hacia las mujeres a lo largo de la historia. Esta teórica apunta a que en el diseño de las ciudades nunca nada es casual y que la seguridad en las mismas está relacionada con el sentimiento de libertad de las mujeres.
Arquitectas y urbanistas han presentado en estas jornadas los trabajos que han desarrollado con objeto de diseñar ciudades inclusivas, ciudades participativas, ciudades sin barreras arquitectónicas (coches de bebés, sillas de ruedas, carritos de la compra… -visualicemos por un momento quienes acostumbran a conducirlos-), ciudades seguras, etc. Dejo aquí un post muy completo sobre esta cuestión.
Llevando el asunto al ámbito deportivo, hace ya algunos proyectos que se nos han planteado cuestiones de este tipo, sea por la denuncia sobre los espacios naturales de uso deportivo que no están debidamente iluminados (paseos, carriles bici,…), sea porque en el diseño interior de los polideportivos no se tienen en cuenta aspectos relacionados con la corresponsabilidad (por ejemplo, los cambiadores de bebés situados en el vestuario de mujeres) o la participación de las mujeres en diversos niveles del ámbito deportivo. En concreto, me refiero a que es muy difícil encontrar un polideportivo en el que haya más de un vestuario para árbitrOs, luego tienen que improvisar en los casos en los que el partido lo arbitren una mujer y un hombre. Otra cuestión importante es el hecho de encontrar 18 vestuarios en una instalación de los cuales 11 o 12 son para hombres… Las personas usuarias (mujeres en este caso) se quejan de la saturación de vestuarios a determinadas horas (5 de la tarde, cursos infantiles de natación; volvamos a visualizar el sexo de la mayor parte de acompañantes). Igualmente, muchas veces la propia ubicación del polideportivo y la falta de accesibilidad al mismo (iluminación, transporte público,…) puede resultar un obstáculo de primer orden para su utilización por parte de las mujeres.
Otro tema que ha salido a la palestra son los gimnasios al aire libre. La verdad es que parece que se están poniendo de moda. Yo misma me he sorprendido en Las Palmas de Gran Canaria al ver el numeroso tránsito de estos espacios, a todas horas (incluso de noche) y por personas de todas las edades. El problema es que no estoy segura del conocimiento de las personas para un uso adecuado de estos aparatos, ni de su predisposición (tengo una prueba gráfica de una mujer con bolso, cazadora y tacones “en acción”).
La arquitecta Izaskun Chinchilla nos hablaba de la importancia del planeamiento del espacio público como espacio de participación ciudadana, y nos presentaba un proyecto en el que habían incluido una plaza/parque/gimnasio en dos zonas diferenciadas para mayores, y niños y niñas. Desde mi punto de vista hay un problema: que las actividades de la zona de mayores eran petanca y dominó. O sea, que mientras la abuela prepara la comida el abuelo baja un rato al parque con la nieta o el nieto que juega en un espacio diferenciado.
En conclusión, es necesario realizar este tipo de planteamientos, cuestionarse las necesidades de las personas usuarias, de la ciudadanía, pero sobre todo, tener en cuenta que incorporar la perspectiva de género en el urbanismo no es sólo atender a las necesidades-costumbres-estereotipos actuales sino también inventar o normalizar situaciones proporcionando espacios y soluciones dirigidas a ambos sexos.
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